23 de Agosto 2008

Lecturas de verano


Acabo de releer Pedro Páramo, la única novela del mexicano Juan Rulfo, que sumados a diecinueve cuentos más, reunidos bajo el nombre genérico de El Llano en Llamas, constituye toda su obra literaria. He de decir que a mi, personalmente, me gustan más los relatos de Rulfo porque contienen todo lo que ha de tener un buen cuento; están extremadamente bien escritos, de una belleza lírica poco común y con unos diálogos que expresan más sobre sus personajes que cualquier estudio antropológico, y, sobre todo, lo mejor, son los finales, insuperables es su impactante crudeza.

La novela Pedro Páramo es más difícil de leer que los cuentos, es un relato de múltiples voces, que retrata a unos personajes atormentados, que hacen del dolor su propia existencia, en un país y un tiempo donde reina la violencia. Son personajes que hacen que su locura te conmueva y que consiguen que el lector se identifique con sus sentimientos en tan solo una línea, aunque, es cierto que hay párrafos que te obligan a releerlos una vez más, porque necesitas impregnarte de esa poética narrativa de Rulfo, que al igual que un buen plato, una vez has probado ya jamás lo olvidas.


8 de julio 2008

Mar en calma

El periodo de vacaciones se acerca; está, como quien dice, a la vuelta de la esquina. Este año no tengo planes, no sé si viajaré a algún rincón de España donde el calor se amortigüe por la latitud o me quedaré bajo la sombra de las moreras, en el litoral mediterráneo. Pero sea cual sea la decisión que tome estaré en familia, con los míos, acompañado por mi mujer y fugazmente por mis hijas, e iré al pueblo unos días para ver a mi madre y a mis hermanos y en especial a mi querido Tomás, que se halla en fase de recuperación. Este año, aunque no viaje, me acompañarán algunos libros y un puñado de comics y como siempre, el deseo de seguir escribiendo, aunque en vacaciones suele ser una promesa vana.

Dejaré que el tiempo fluya e intentaré hacer que ese periodo de ocio y disfrute se complemente con la literatura que nos proporciona la propia existencia.


 

24 de Abril de 2008

Cuento premiado: El Retorno

Este cuento ha sido galardonado con el 1er premio de Narrativa del XXè Certamen literari-fotogràfic de Sant Jordi que celebra La Escola Tècnica Superior d'Enginyeria Industrial de Barcelona (UPC).

El origen de este cuento se remonta a un encuentro casual durante un viaje en tren a Valencia: pretendía ir parapetado con un libro y aislado oyendo música en mi MP3 cuando, nada más partir el tren, se sentó a mi lado una mujer que arrastraba una enorme maleta; en un gesto galante, y a duras penas, la ayudé a colocarla en el portaequipajes y este hecho hizo que iniciáramos una conversación que se prolongaría durante las casi cinco horas de mi viaje. Su nombre era Marisa y venía de Argentina para cumplir una promesa. Era hija de padres españoles y antes de que fallecieran les había prometido que algún día ella viajaría a España para poder visitar y recorrer la tierra donde sus padres habían nacido. Marisa convenció a su esposo y a su hijo para iniciar esa aventura sola y durante un mes se dispuso a recorrer España a la búsqueda de sus orígenes. Su relato me fascinó y me pareció un gesto hermoso y romántico, era como si viviera en una nostalgia transferida. Cuando nos despedimos, pensé que esa situación podía servir para un cuento, pero lo cierto es que lo dejé en el desván de mi mente (como tantos otros) a la espera de alguna posible conexión mental.

Hay un tema que siempre me ha interesado y del que quería escribir algo: el desarraigo que sufren quienes se ven obligados a dejar su lugar de nacimiento llevados por la emigración, sea forzosa o voluntaria, y que pese a su posterior integración en el nuevo lugar de residencia acaban refugiándose en los recuerdos y en la nostalgia. Cuando me plantee el tema para este cuento quise que también cambiar el punto de vista, no solo de quien se va y sufre el desarraigo, sino ¿qué pasa con quien se queda enamorado? No sabía como iniciar el relato cuando recordé a Marisa y su viaje a España y se produjo la conexión mental. De un modo casual, como fue aquel encuentro en tren, uní dos historias, en un relato ficticio: el viaje a sus orígenes de una argentina y el encuentro con su pasado y los sentimientos que allí dejó.

Si quieres leerlo pincha aqui



31 de Marzo de 2008

La recuperación del héroe

Nada hay que ralentice más el tiempo que esperar frente al quirófano en un hospital. Mi hermano Tomás atravesó esa puerta a las ocho de la mañana del día veintiséis de marzo, sobre una camilla en la que apenas parecía caber su enorme cuerpo; llevaba el ridículo gorrito verde sobre su cabeza y al vernos en el pasillo nos sonrió levantando la mano para saludarnos, con su ya clásico signo de la victoria. Nada supimos hasta siete horas más tarde, cuando uno de los cirujanos, con las huellas del cansancio en su rostro salió para comunicarnos que todo había ido bien. Durante ese tiempo, que nos pareció eterno, mil conjeturas pasaron por mi mente y recordé episodios de nuestra vida en común, cuando de niños, los dos años que nos separan no fue apenas brecha generacional y compartimos tantas cosas. Él siempre creció grande y noble; en la escuela era quien me defendía de los otros niños, bastaba su presencia para persuadir y su sonrisa para convencer. Un año, los reyes Magos nos trajeron una bicicleta y hubo que establecer turnos de una hora para ir en ella, yo me enfadaba porque siempre se retrasaba unos minutos, pero él, con su nobleza, acababa dejándome más rato para compensar, con lo que yo siempre salía ganando. Me ayudaba con la cartera de la escuela cuando yo me quejaba de su peso, y él para aliviarme, dada mi proverbial mala salud, acababa por llevar las dos, o cuando salíamos de excursión, era mi inseparable guardián, preocupado en que tuviera buen sitio para comer a la sombra de un algarrobo, o siempre atento de mí en los chapuzones en la alberca o el río, presto a sacarme si tardaba en emerger la cabeza. Siendo adolescentes estudiamos juntos, en un pueblo cercano en el que tardábamos cuarenta y cinco minutos en llegar en un renqueante autobús y desde cuyas ventanillas nos divertíamos gritando a los transeúntes, allí fumábamos a hurtadillas los apestosos Celtas Cortos, cigarrillos que nos parecían, al contrario del tabaco de picadura que le robábamos a mi padre, una delicia y sin el inconveniente de que se apagara entre calada y calada.

Hoy mi querido hermano Tomás, “Tomi” para quienes le quieren (que son todos los que le conocen) se está recuperando de una operación cuyas secuelas le dejarán sin poder hablar, aunque no acabarán con su extraordinaria capacidad de comunicación, porque tiene sus ojos, su rostro y sus gigantescas manos, y además nos tiene a todos los que le queremos atentos a sus deseos, a sus necesidades; atentos y dispuestos a ayudarle en todo lo que necesite y a devolverle, aunque sea una mínima parte, todo el cariño y el amor que él nos ha dado siempre.

Vaya en su honor este relato de infancia en el que Tomi y yo quisimos emular a Supermán. Fue publicado en el libro ALGO QUE CONTAR. Si quieres leerlo pincha aqui.



15 de Marzo de 2008

Un héroe de verdad

En tan solo unas horas la vida puede cambiarnos y mostrarnos nuestra propia fragilidad. No somos más que un montón de deseos egoístas aferrados a una vida que nos parece excelente porque tenemos coche y televisor, y tan solo hace falta un diagnóstico médico para que esa visión de la vida tan material quede triturada por la realidad, una realidad en la que lo único que cobra importancia es el amor de tu familia y de tus amigos. Es en esos cambios cuando se comprueba lo que es la valentía, y no me refiero a la del soldado enardecido por el fragor de la batalla envuelto en humo y fuego, sino a ese personaje anónimo que un día ha de enfrentarse al destino incierto que supone la palabra cáncer. Es ahí donde surge la auténtica valentía, y en eso, nadie nos va a ganar en nuestra familia porque ya tenemos en mi sobrino Alfonso el primer héroe que venció solo al mismo enemigo. Pero hoy es mi hermano Tomás quién ha de enfrentarse a esa enfermedad de nombre terrible, también solo, de pié ante ella, seguramente con una mueca en sus labios, que no dejará entrever la incertidumbre que le ahoga la esperanza y ese miedo que le muerde las entrañas. Sabemos, quienes le conocemos, que se enfrentará a ella a pecho descubierto, con el signo de la victoria en sus dedos y esbozando su contagiosa sonrisa como lo hacen los héroes del western que tanto le gustan. Él es hoy para nosotro nuestro auténtico y real héroe.


23 de Febrero de 2008

El duelo

Después de algunos meses de inactividad, vuelvo otra vez a la web, abandonada durante largo tiempo por ese otro amor del que ya hablé en la entrada anterior. Ahora desearía retomar las cosas donde las dejé, pese a qué no dispongo de mucho tiempo para escribir y la inspiración, tan esquiva ella, siempre me abandona cuando más la necesito.

El cuento que os propongo como lectura es breve, y pertenece a la serie de "Relatos de Infancia", aunque advierto al lector que no tiene que por qué ser la mía....

La historia de un duelo por una mujer, es repetitiva y bastante común en la literatura: dos hombres solventando sus diferencias con la espada o la pistola, hasta quedar uno vencedor. Pero ¿qué pasaría si el duelo fuera entre niños?...

Si quieres leerlo pincha aqui


 

18 de Noviembre de 2007

Como monjes

Llevo tiempo sin escribir por falta de tiempo; una falta de tiempo achacable exclusivamente a mi afición por los tebeos.

Desde hace unos meses formo parte de un grupo de personas, extraordinariamente generosas con su tiempo, que tienen como misión recuperar, en formato digital, una parte de nuestra cultura popular: las viejas colecciones de tebeos que hace cuarenta o cincuenta años fueron, para muchos de nosotros, el único medio que nos llevaba a la aventura por el camino de la imaginación: tebeos que llenaron muchas tardes de invierno al amor de la lumbre o durante la hora de la siesta en la que los adultos nos exigían casi un silencio sepulcral. Queremos recuperar esos tebeos que marcaron una época y que ahora son papeles amarillos, oscurecidos por la pátina de la vejez, muchos de ellos duermen en maletas de cartón o en oscuras buhardillas o apilados en tiendas de libros viejos, otros se han convertido en ediciones inencontrables, perdidos o extinguidos en su propia nimiedad. Los miembros del grupo del que hablo, y del que formo parte como un eslabón más, trabaja con el mismo espíritu que aquellos monjes copiadores de la Edad Media en cuyas abadías transcribían los manuscritos con el fin de que no se perdiera el conocimiento, ahora los instrumentos no son plumas de ganso y tinta china sino el Photoshop y el escáner, y la tarea no es escribir con letra gótica y pintar miniaturas coloristas en tratados de medicina o filosofía, sino digitalizar hoja por hoja, y si es necesario retocar y limpiar cada página, como si de un incunable se tratara. Los monjes copiadores y el grupo de tebeos clásicos compartimos ese mismo espíritu de querer recuperar parte del saber para ponerlo a disposición de la sociedad y que pueda servir a las generaciones futuras. A los monjes les movía el amor a Dios, a nosotros el más puro y generoso altruismos, aunque bien mirado quizá sea esta la misma forma de amor.


7 de Septiembre de 2007

Regreso a la aceleración

Las vacaciones han acabado. Ese tiempo que permite ralentizar la vida hasta sumergirnos en la lentitud, el tiempo de no madrugar, de experimentar la ausencia de horario y de relojes. Ese periodo se ha acabado y vuelve de nuevo la rutina, la actividad diaria y con ella, la maldita vida acelerada.

Este regreso a la vida apresurada me hizo recordar un tiempo en que experimenté lo que era trabajar acelerado...

Si quieres leerlo pincha aqui

 


2 de Agosto de 2007

Encuentro mágico en una noche de verano

Hace poco fui convocado a un encuentro de exalumnos; hacía más de treinta años que no tenía noticias de ellos y sentí deseos de verlos de nuevo.

Fue una noche mágica en la que, pese a la dificultad de reconocer los rostros, conseguimos que el pasado convergiera en un feliz presente y aunque el tiempo transcurrido trae consigo la pérdida de memoria, también hace que ganamos en sabiduría y quién sabe si quizá una cosa no compensa a la otra.

Fue uno de esos pocos y maravillosos instantes que se dan en la vida que consiguen que el tiempo se paralice y se haga eterno, unos instantes que me inspiraron este breve relato, que por supuesto, esta dedicado a todos ellos, protagonistas de esa noche mágica.

Si te apetece leerlo clica aqui


22 de Julio de 2007

Cambio de imagen

Como podréis observar los que accedeis con cierta frecuencia a esta página, se ha producido un cambio en la cabecera y en el color del texto. Este nuevo diseño ha sido posible gracias a la aportación de una prestigiosa diseñadora gráfica (cuya modestia me impide decir su nombre), que ha tenido la amabilidad y generosidad de hacerlo. A mi me gusta más ahora, aunque, sobre los gustos, ya se sabe….hay poco o nada escrito, y siempre es motivo de opinón y hasta de valoración, como sucedió con el diseño y los colores anteriores que suscitaron un divertido cruce de opiniones (que aún se pueden leer todos ellos en el Libro de Visitas).

Tras este nuevo diseño os invito, pues, a participar con vuestras opiniones.


15 de Junio de 2007

Sonrisas inteligentes en un blog

Me gusta leer el blog publireflexions por dos poderosas razones, la primera de ellas es que sus agudos e irónicos comentarios sobre la publicidad (que es, practicamante, todo lo que nos rodea) son reflexiones de gran calado. Con un lenguaje lleno de humor, medio en broma medio en serio, su autora, se permite decirnos cosas que nos hacen pensar tras provocarnos previamente una sonrisa. El humor— ya lo dijo alguien — puede ser un arma de destrución masiva.

Y si quieren saber cual es la segunda poderosa razón por la que me gusta este blog es, sencillamente, porque su autora, Laia Blasco, es mi hija.

Si te apetece acceder a el, clica aqui


 

6 de Junio de 2007

Los cuatro platos de Carmen

La pérdida de un ser querido siempre es un trauma que rompe algo en nuestro interior, se rompe nuestro corazón y a veces, como la protagonista de este relato, la mente. Este es un relato real, los nombres que aparecen son reales y la situación que cuento verídica: lo he conocido este fin de semana en el que he podido abrazar a Carmen.

Si quieres leerlo pincha aquí

 

 


24 de Mayo de 2007

La relatividad del tiempo

Tengo poco tiempo para la web. Atravieso una época en qué el trabajo y la pereza me alejan de escribir y por más que lo intento, no encuentro el momento. Siempre me digo que mañana lo haré, que me sentaré frente al ordenador y acabaré varias historias, pero esa mañana, incierta y esquiva se convierte en otro día. Unas veces el tiempo es un enemigo implacable y otras un bálsamo para el dolor. Mientras disfrutamos de una buena compañía, envueltos en el aroma del café, lo sentimos breve y otras, esperando ser atendidos en la consulta del médico se nos antoja lento. La infancia la vivimos como si los días fueran semanas y los años eternidades, sin embargo a medida que entramos en años las semanas se convierten en días, apenas un suspiro cuando los años pasan fugaces. Y pese a que el tiempo parece estirarse y contraerse como una goma elástica, lo cierto es que es inflexible en su transcurrir. Vaya con el tiempo. Ahora mismo, por ejemplo, se me está haciendo el día eterno....de modo que voy a dejar de escribir y me voy a la cocina a buscar una tableta de chocolate. Será un momento gozoso en el que pararé el tiempo.


5 de Mayo de 2007

Anoche soñé con Cinto

Al despertar, me preguntaba, qué extrañas conexiones cerebrales se habían producido durante el sueño para que pudiera evocar ese nombre. Porque lo que me sorprendió del sueño, del que no recuerdo el contenido, fue precisamente el hecho de que soñara con alguien del que había perdido el contacto desde hacía más de treinta años.

Cuando yo tenía diecisiete años aparecieron en casa una señora desconocida para mi acompañada de un joven veinteañero. Mi madre al verlos, se abrazó a ellos y tras la alegría inicial del reencuentro y ya sentados alrededor de la mesa del comedor les dio el pésame porque el marido de la señora había fallecido hacía poco. Mientras la señora resumía lo que había sido su vida hasta entonces, desde que partieron a Barcelona hacía ya algunos años, el hijo de la señora, un joven con gafas, cabello muy bien peinado y aspecto de ciudad me preguntó si yo era el Vicente y entonces me dijo algo que me dejó desconcertado:”¿No te acuerdas de mí?”. Mi madre al ver que yo negaba con la cabeza, un poco avergonzado, añadió para intentar refrescarme la memoria: “¡Es Cinto, el vecino, que jugaba contigo cuando eras pequeño”. Y añadió como para asegurarse que me acordaría: “¡Las veces que Cinto te habrá llevado a pasear con la bicicleta!”.

Cinto, es decir Jacinto, era el hijo de un carpintero, que vivía enfrente de mi casa, tenía seis o siete años más que yo y era amigo de mi hermano mayor. La familia había emigrado a Barcelona en los años sesenta, tras vender la casa y el taller y solo regresaron al pueblo al fallecimiento del carpintero, quizá, para arreglar algunos papeles o para visitar viejos amigos. Cinto y yo teníamos algo en común que hizo que conectáramos enseguida: a mí me gustaba dibujar, más mal que bien, he de reconocerlo, pero él era un dibujante extraordinario, con una gran facilidad para el dibujo humorístico y caricaturesco, pero además compartíamos el mismo sentido del humor: burlón y fallero así que congeniamos rápido. Varios días después, cuando la madre y el hijo acabaron su visita al pueblo vinieron a despedirse, Cinto y yo prometimos escribirnos, y así daría comienzo una etapa, muy divertida, de intercambio epistolar en las que nos enviábamos cartas llenas de humor y dibujos. La última vez que le vi fue mientras yo cumplía el servicio militar, durante una escapada de fin de Semana a Barcelona para ver a mi novia. Ese día me invitó a comer y hablamos de las casualidades y del azar que me había llevado hasta esta ciudad, también me comunicó que se casaba ese mismo año. Yo le hablé de mis planes de futuro y mis deseos de mudarme a Barcelona cuando acabara de prestar el servicio militar. Al despedirnos prometimos ponernos en contacto cuando yo ya estuviera residiendo en Barcelona y proseguir nuestra amistad, pero, el mismo azar que nos llevó al encuentro nos llevó al alejamiento. Mi vida en Barcelona tomó su propio rumbo y no sé como perdí el contacto y el teléfono y no volvimos a vernos más. Y hace de esto treinta y un años. Salvo esta noche, que he vuelto a recuperar su amistad en sueños, no he vuelto a ver a Cinto. Quizá esto sea algo premonitorio y me lleve de nuevo a su encuentro.


17 de Abril de 2007

La rosa y el libro

El 23 de Abril se celebra en Catalunya el día de Sant Jordi, una fiesta multitudinaria que llena las calles de gentes entre paradas de libros y rosas. Es un día en el que, tradicionalmente, el hombre regalaba rosas y la mujer libros, aunque afortunadamente esto ya queda lejos y hoy nada impide que se regalen ambas cosas. A mí me gusta especialmente este día y gozo de la calle populosa y alegre, de las paradas de libros apilados ordenadamente, y de ver la gente entre ellos, ojeando, mirando y comprando, aunque para muchos, solo sea el único día del año en que adquieren uno: no importa, me digo, un día vale más que ninguno.



16 de Abril de 2007

El premio

Debía tener 14 ó 15 años cuando me seleccionaron en la escuela para un concurso literario que patrocinaba Coca-Cola. El certamen se realizaba en la ciudad de Valencia, en una gran sala de congresos, o algo similar. Al llegar ya había chicos a la puerta, junto con sus maestros, esperando entrar y sentarse en la enorme sala donde, a una orden debíamos comenzar a escribir un relato y cuyo tema se nos diría en su momento. Yo estaba con mi maestro, que se había engalanado para la ocasión con traje y corbata oscura y también me acompañaba mi madre, porque viajar a Valencia desde mi pueblo, en el interior de la provincia, constituía de por sí toda una aventura. Valencia parecía estar en los confines de la tierra, en algún lugar remoto y frío. Quizá por esta razón, mi madre, me había obligado a ponerme un jersey grueso de color granate que me atormentaría durante el tiempo que estuve sentado escribiendo. Cuando todos hubimos acabado nos trasladaron en autocar a la fábrica de Coca-Cola y allí nos mostraron las instalaciones y acabamos, todos, viendo un documental sobre la marca que había patrocinado nuestro viaje. Aunque a mí me costó concéntrame en el documental, fascinado como estaba por los hermosos dibujos de “El Cid”, un tebeo que me había regalado los promotores del certamen, al igual que lo habían hecho con todos los participantes. Era un álbum de la editorial Doncel que correspondía al segundo tomo de las aventuras del Cid y yo estaba exultante con aquella maravilla. Acostumbrado a leer tebeos procedentes del intercambio, añejos, en blanco y negro y en un papel similar al del periódico, aquel álbum de tapa dura y brillantes colores me pareció un regalo venido directamente del cielo. Yo amaba los tebeos y mi concepto de la felicidad se resumía en sentarme en el desván, durante la hora de la siesta, con un buen fajo de tebeos entre las piernas, debidamente ordenados por interés, y leer durante horas. Y allí podía estar leyendo hasta acabarme la pila de tebeos, a no ser que alguien me sacara de mis ensoñaciones literarias con el aviso de estar la merienda a punto o que fulano ha venido a buscarte.

No recuerdo quien ganó el concurso de redacción de Coca-Cola, pero todavía conservo el álbum del Cid: ese fue para mí el mejor premio.



17 de Marzo de 2007

La hermana Esperanza

Un asunto de salud me ha tenido recluido en una clínica durante unos días, lo que me ha permitido conocer a una singular enfermera: la hermana Lida: una joven monja Carmelita llena de vida y buen humor que me atendió con mucho cariño. La hermana Lida trabaja muchas horas, y aún en su fatiga, siempre tiene una sonrisa o una palabra amable para los pacientes. Este breve relato está inspirado en ella y aunque me gustaría que fuera un canto de gratitud hacia las personas que, por una razón u otra, se entregan a los demás de forma altruista, quiero dedicárselo especialmente a la hermana Lida porque para mí, verla entrar cada mañana en la habitación era como sentir un rayo de luz y de esperanza.

Si quieres leerlo pincha aquí

 

 


28 de Febrero de 2007

El refugio del cura

He estado algún tiempo sin acabar nada de lo que escribo y un tanto alejado de la página web. A veces las preocupaciones cotidianas suelen secuestrarnos la voluntad y la inspiración.

Este relato (más bien una crónica) trata sobre las dificultades de un cura, que viendo peligrar su vida al comienzo de la guerra civil, buscó asilo durante la persecución religiosa. Es una historia real que supe desde la infancia pero de cuyo final me enteré hace tan solo unos años por el feliz encuentro de un descendiente de la persona que lo acogió.

Es un relato, también, sobre la piedad, la integridad y la valentía.

Si quieres leerlo pincha aquí



2 de Febrero de 2007

Una obra maestra del comic japonés: Adolf

Acabo de releer "Adolf" un extraordinario comic de Osamu Tezuka y, tal como me pasó la primera vez que lo leí (o debería mejor decir lo devoré) lo he disfrutado mucho.

He de confesar que cuando empecé a leerlo, tenía mis reticencias porque se trata de una “manga” japones, un tipo de comic que entonces relacionaba con las series infantiles de televisión, de personajes estáticos de ojos grandes y muchas onomatopeyas. Pero me iba llevar una sorpresa con “Adolf” y eso a pesar de que los dibujos de Tezuka parecen tener un estilo infantil, de línea clara y hasta con claras influencias de Disney...pero...

Pero Osamu Tezuka es un maestro de la narración gráfica. Considerado (sin duda alguna) como el "padre" del manga japonés, fue un médico entusiasta de los dibujos y la animación que dejó la medicina para crear un estudio de animación y dedicarse a su pasión, que no era otra que contar historias dibujadas. Quizá la más madura de todas ellas sea “Adolf”, que narra las vidas, entrelazadas, de tres Adolf: dos niños, uno alemán y otro judío que por azares del destino viven en Japón y el tercero es Hitler.

El libro (se trata de cinco tomos) es como una buena novela, en la que se mezclan los géneros con gran sabiduría. La historia transcurre en una época convulsionada por la guerra y la persecución de los judíos, en la que arranca con una trama policíaca, que engancha desde el principio, hay narración histórica (es muy interesante comprobar como vivió el pueblo japonés los desastres de la Segunda Guerra Mundial) y hay como no, sensibles historias de amor y sobre todo, hay unos personajes ricos en matices, complejos, cuyos motivaciones son tan humanas que encuentran rápida complicidad en el lector, y personajes secundarios que viven en pocas páginas pero que dejan huella por la precisión psicológica con la que son trazados.

En resumen: una obra maestra.


27 de Enero de 2007

Disco duro

Escribir cuentos tiene su miga. Hay cuentos que empiezan por el final, es decir, el final del cuento es lo primero que tengo pensado y comienzo a construirlo a partir de ahí. En otros relatos, comienzo sin saber como acabará y a medida que escribo me van surgiendo ideas y situaciones y de un modo casi mágico llega a su final. Confieso que estos son los más difíciles porque, muchas veces, suelen quedar bloqueados por falta de un final y pasan a reposar en algún lugar del disco duro, a la espera de ser rescatados con una idea o a quedar allí hasta ser borrados cuando necesite espacio. Últimamente me está pasando esto último con preocupante frecuencia: comienzo una historia y al poco me queda arrinconada por falta de ideas, entonces retomo una antigua y me enzarzo en corregir lo escrito hasta que al llegar el desenlace ya he perdido el interés.

No sé que hacer pero necesito liberar disco duro del ordenador porque amenaza con quedar saturado. Así que he a tomado una decisión: Ahora mismo salgo a comprar un disco duro externo...


22 de Enero de 2007

Lucha a palos

He estado varios días sin escribir. No tenía ganas. He navegado por internet, visitando páginas tras páginas, y volviendo siempre a los periodicos, de manera casi adictiva. El salvaje atentado en la terminal 4 del aeropuerto de Barajas, con ese terrible balance de dos jovens ecuatorianos muertos me ha dejado consternado. A eso he de sumar la amargura al comprobar cómo determinados políticos (y medios) utilizan ese sangrante tema con fines meramente partidista, y golpean con fiereza a un gobierno cuyo único pecado, quizá haya sido, intentar lo que otros gobiernos intentaron antes: la busqueda de la paz. Goya pintó hacia 1820 este cuadro que tituló "Lucha a palos" ...es terrorífico pensar que el paso del tiempo no haya mejorado en nada esa concepción que parece que tenemos los españoles de afrontar nuestras diferencias a palos.


1 de Enero de 2007

Los Reyes que vienen de Oriente

Tenía ganas de escribir algo sobre los Reyes Magos y la fantasía infantil, porque siempre me ha resultado un hecho extraordinario como los adultos pueden ser complices de una fantasía tan hermosa, llevada a cabo con tanta entrega y precisión, y al mismo tiempo como viven los niños esa realidad.

También quería reflejar, de algún modo, las dificultates de los niños a rechazar esa magia cuando por cuestiones de edad se impone la razón a la fantasía.

Al recordar como viví yo ese momento comprendí que lo que quería contar en un relato lo había vivido ya y solo tenía que escribirlo.

Si quieres leerlo pincha aquí

 

 


21 de Diciembre de 2006

Nochebuena

Hace unos días iba sentado en el autobús de regreso a casa y me entretenía mirando por la ventanilla. Estaba anocheciendo y hacía frío. Se acercaban las fechas navideñas y vi mucha gente, abrigada, que iba de un lado para otro cargados con bolsas, en las que supuse, llevaban los regalos navideños. Pensé que esas bolsas y las luces de navidad, que iluminaban la calle, era la imagen perfecta de cómo se vive la navidad en nuestra sociedad. Al pasar por la plaça Universitat vi sentado en un banco un mendigo, al lado suyo había un carro en el que llevaba todas sus pertenencias. Parecía que estaba leyendo algo a la luz de una farola. Me pareció otra imagen de la navidad y me dio por pensar qué regalo podría tener un hombre como él en una nochebuena. Cuando llegué a casa ya tenía pensado este cuento de navidad. Si quieres leerlo pincha aquí


 

27 de Noviembre 2006

Esos ojos de niño

La foto venía en El Pais del domingo. El pie de foto decía: Una mujer lleva al hospital a su hijo, herido por el fuego cruzado durante un enfrentamiento entre soldados e insurgentes en Baquba (Irak)
La imagen me ha impactado y no puedo dejar de mirar esos ojos, aterrorizados pero sin lágrimas, ese gesto de sorpresa y de miedo, ese acurrucarse en los brazos de su madre, protegiéndose, como queriendo volver al seno materno en un impulso tan humano. Descubro esas manos, pequeñas, regordetas, de bebé, que se agarran a la ropa como si se aferrara a la propia vida, y percibo el rostro ensangrentado, la ropa cubierta con manchas de sangre y adivino temblorosa a su madre detrás, pero no puedo dejar de mirar esos ojos, esos ojos grandes, oscuros que parecen acostumbrados al dolor. Esos ojos se me han clavado hoy en el alma.


25 de Noviembre de 2006

La procesión

Vista de la procesión a su llegada a la Ermita, al fondo el pueblo iluminado.

La última procesión que presencié del patrono del pueblo donde nací, fue en Octubre de 2004. No había asistido desde hacía más de veinte años. Seguí la comitiva por entre las calles, saltando de una a otra para ver el Cristo e impregnarme de esa emoción perdida tantos años antes. El olor de la cera, las explosiones de música, los rostros iluminados por la llama parpadeante de las velas, y todo en su conjunto, conformaba un ambiente lleno de fervor religioso, pero que a mi se me antojó como algo más cercano a la necesidad de creer que tiene el ser humano, algo más cercano al misticismo que a la religión. Sin embargo, a la luz de los años, cuando a uno parece que sus creencias se le van reduciendo a un circulo cada vez más estrecho, y las emociones son cada vez más difíciles de alcanzar, vuelvo la mirada a las procesiones con ojos benévolos y nostálgicos.

Fruto de aquel viaje al pasado es este cuento, que he tardado dos años en acabar... y del que espero no tardes tanto en leer.

Si quieres leer el cuento pincha aquí. También puedes leerlo e imprimirlo accediendo desde el apartado de Relatos.




17 de Noviembre de 2006

Quico

Acabo de colgar un nuevo relato de infancia que no pude incluir el mi último libro. Su título, Quico, es el nombre de un curioso personaje al que no le gustaban los niños, pero que, las circunstancias de la vida le llevaban a compartir su existencia entre ellos. Si quieres leerlo pincha aquí o accede desde el apartado de Relatos.


9 de Noviembre de 2006

El regalo

Vertió whisky en el vaso hasta que el nivel alcanzó un centímetro de altura, después metió tres cubitos de hielo y lo agitó con los ojos puestos en el hielo que giraba en el fondo del vaso entre tintineos de cristal. Se arrellanó en el sofá, puso los pies en la mesita y se llevó el vaso a los labios. Sorbió el primer trago y notó el paso fuerte del alcohol por la garganta y los sabores cálidos de la madera. Entrecerró los ojos y llevó la cabeza hacia atrás hasta quedar apoyada en el respaldo del sofá. El primer trago tuvo el efecto de insensibilizar las papilas y así preparar el paso al segundo trago, en el que desapareció todo el contenido de vaso. Después vendrá la botella, pensó. Lo necesitaba. Necesitaba que el alcohol le aturdiera, le golpeara y le anestesiara el dolor que sentía.
Qué iba a ser de su vida sin ella, se preguntó. Cómo será cada día sin su risa llenando la casa, su mirada interrogativa y pícara, o sus enfados que con mohín de disgusto cesaban tras el perdón apresurado. O aquellas lagrimas suyas cuando se conmovía por una historia triste, algo que a él no le había sucedido nunca. Cómo serán las noches sin su rostro iluminado por el resplandor de la televisión, mientras reía con sus carcajadas profundas y contagiosas al ver su programa de humor favorito. Y sus canturreos de canción irreconocible mientras trajinaba en la cocina. O el sexo, entre tranquilo y placentero o fugaz y frenético. Que iba a ser de su alma, sin ella a su lado, él que pensaba que no necesitaba nada de nadie, que se tomaba la vida como si el destino estuviera en sus propias manos, que se consideraba un hombre fuerte, orgulloso y cínico, que había hecho de la dureza de sentimientos el lema de su existencia y el arma con la que se había enfrentado a la vida sin un atisbo de ternura, su ariete con el que había conquistado el éxito, la fama y los lujos que conforman su estatus social. El, que creía que nunca sería víctima sino verdugo.
Todo había sido tan rápido que apenas hubo tiempo de nada. Recordaba tres días antes cuando sonó el teléfono en el despacho, era del hospital. Después vino la carrera con el coche, medio embotado aún, por lo que acababa de escuchar y el relato después, sosegado y contenido del médico: había sido un accidente con desenlace tan cruel como inesperado.
Ahora, tras el entierro, en el sofá de aquella casa tan en silencio, con el alcohol bajando por sus entrañas se vio a si mismo, de pie, recibiendo el pésame a los pies del féretro, el rostro firme, el ánimo entero y se vio solo; y al constatar esa soledad sintió como una enorme presión en el plexo solar, algo que subía, devastador a su paso, como un volcán a punto de estallar y comprendió, en un instante, que iba a surgir el último regalo que ella le había hecho: entonces lloró.



3 de Noviembre de 2006

VACACIONES

No fue hasta las cinco de la tarde que advertí que había perdido la mano izquierda.
Fue justo momentos antes de ir a buscar las llaves del coche que guardo en el bolsillo izquierdo del pantalón. Al hacer el gesto tan habitual y automático de meter la mano en el bolsillo me di cuenta, perplejo, que no la tenía. Miré entonces, intrigado, hacia ese lado y pude observar que donde tenía antes la mano solo estaba el puño de la camisa vacía. Instintivamente miré hacia dentro, pensando en encontrada allí, acurrucada por el frío. Pero, no había nada.
Inquieto me arremangué y descubrí, horrorizado, que la mano había desaparecido: el brazo acababa en un extraño muñón de formas redondeadas. Creo que exclamé un grito de sorpresa que hizo girarse a más de un transeúnte. Sofocado por lo que acababa de descubrir, no supe hacer otra cosa que sacar las llaves del coche con la otra mano e introducirme dentro de él, me senté nervioso frente al volante y casi, de manera instintiva, lancé el pié hacia el pedal del embrague para descansarlo allí. Entonces me sobrevino la siguiente sorpresa: el pie izquierdo había desaparecido. Intenté entonces abrir el coche para salir y pedir ayuda, para que alguien me socorriera, pero no pude hacerlo. Mi brazo izquierdo también había desaparecido. Paralizado por el horror noté un cosquilleo en el lado izquierdo de la cabeza, e impulsado por un vago presentimiento me miré en el espejo retrovisor: la imagen que me devolvió, no por esperada fue menos horrorosa, se me estaba borrando esa parte de la cara, ya no había oreja y el borrado alcanzaba ya el ojo del mismo lado.
Han pasado tres días desde que comenzaron los extraños prodigios y he descubierto a qué se debe ese inaudito fenómeno. Creo que el cuerpo humano deseoso de irse de vacaciones ha comenzado a desintegrar sus átomos de forma autónoma, sin que la conciencia y el cerebro puedan hacer nada.
Escribo esto con el único dedo de la mano derecha que me queda antes de que también desaparez...


30 de Octubre de 2006

Concierto de Daniel Higienico

Hace poco fui a un concierto de Daniel Higiénico. Tenía ganas de verlo en persona porque tras haber escuchado uno de sus discos, quedé fascinado por sus canciones. Es una mezcla entre Sabina y Albert Plá, incluso tiene un gran parecido físico con este último. Es un artista atípico con un estilo muy particular: actúa en el escenario, interpretando con sus gestos y su palabra la letra da cada canción. Le acompañan buenos músicos y estupendos arreglos pero lo mejor, son las letras de sus canciones. Letras que son como caricaturas de la sociedad en la que vivimos, letras que resultan a veces ácidas y otras provocan la carcajada, letras bien ajustadas a lo que quiere contar, porque sabe jugar con las palabras y explicar historias y situaciones cotidianas que de pura banalidad se convierten en surrealistas. Y ahí es donde juega más a gusto, donde domina el escenario, con letras donde lo escatológico nos resulta familiar, donde la ternura y la poesía se encuentran en las cosas más pequeñas, y el humor lo envuelve todo para hacernos ver con socarrona visión, todo cuanto nos rodea. Si puedes no te lo pierdas. Puedes encontrar sus discos en su web. Aquí dejo el enlace:

http://www.danielhigienico.com/

 

 


24 de Octubre de 2006

Comienzo...

Comienzo este proyecto sin estar muy seguro de poder continuarlo.

El impulso inicial es escribir ideas, reflexiones y relatos. No sé quien lo leerá. Igual que el naufrago que lanza su mensaje en una botella al océano, con la esperanza que alguien la encuentre y sepa de él, yo voy a hacer lo mismo y lanzaré estos escritos al viento de la tecnología que me proporciona internet.

Como el naufrago perdido, confío que ese viento veloz y eléctrico lleve estos escritos, como hojas flotando en el espacio, hacía alguien, que en su curiosidad, haga el esfuerzo de leerlo. Es entonces cuando estos textos servirán de algo, porque mientras tanto solo serán escritos mudos y desconocidos, serán solo escritos en el viento.

IR A...
Mar en calma
Cuento premiado: El retorno
La recuperación del héroe
Un héroe de verdad
El duelo
Como monjes
Regreso a la aceleración

Encuentros mágico en una noche de verano

Cambio de imagen
Sonrisas en un blog
Los cuatro platos de Carmen
La relatividad del tiempo
Anoche soñé con Cinto
La rosa y el libro
El premio
La hermana Esperanza
El refugio del cura
Una obra maestra del comic japonés: Adolf
Disco duro
Lucha a palos
Los Reyes que vienen de Oriente

Nochebuena

Esos ojos de niño
La procesión
Quico
El regalo
Vacaciones
Concierto de Daniel Higienico
Comienzo...