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23 de Agosto
2008
Lecturas de verano
Acabo de releer Pedro Páramo, la única
novela del mexicano Juan Rulfo, que sumados a diecinueve
cuentos más, reunidos bajo el nombre genérico de El
Llano en Llamas, constituye toda su obra literaria.
He de decir que a mi, personalmente, me gustan más los relatos
de Rulfo porque contienen todo lo que ha de tener un buen cuento;
están extremadamente bien escritos, de una belleza lírica
poco común y con unos diálogos que expresan más
sobre sus personajes que cualquier estudio antropológico,
y, sobre todo, lo mejor, son los finales, insuperables es su impactante
crudeza.
La novela Pedro Páramo es
más difícil de leer que los cuentos, es un relato
de múltiples voces, que retrata a unos personajes atormentados,
que hacen del dolor su propia existencia, en un país y un
tiempo donde reina la violencia. Son personajes que hacen que su
locura te conmueva y que consiguen que el lector se identifique
con sus sentimientos en tan solo una línea, aunque, es cierto
que hay párrafos que te obligan a releerlos una vez más,
porque necesitas impregnarte de esa poética narrativa de
Rulfo, que al igual que un buen plato, una vez has probado ya jamás
lo olvidas.
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8 de julio 2008
Mar en calma
El
periodo de vacaciones se acerca; está, como quien dice, a
la vuelta de la esquina. Este año no tengo planes, no sé
si viajaré a algún rincón de España
donde el calor se amortigüe por la latitud o me quedaré
bajo la sombra de las moreras, en el litoral mediterráneo.
Pero sea cual sea la decisión que tome estaré en familia,
con los míos, acompañado por mi mujer y fugazmente
por mis hijas, e iré al pueblo unos días para ver
a mi madre y a mis hermanos y en especial a mi querido Tomás,
que se halla en fase de recuperación. Este año, aunque
no viaje, me acompañarán algunos libros y un puñado
de comics y como siempre, el deseo de seguir escribiendo, aunque
en vacaciones suele ser una promesa vana.
Dejaré que el tiempo fluya e intentaré hacer que ese
periodo de ocio y disfrute se complemente con la literatura que
nos proporciona la propia existencia.
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| 24 de Abril de 2008
Cuento
premiado: El Retorno
Este
cuento ha sido galardonado con el 1er premio de Narrativa del XXè
Certamen literari-fotogràfic de Sant Jordi que celebra La
Escola Tècnica Superior d'Enginyeria Industrial de Barcelona
(UPC).
El
origen de este cuento se remonta a un encuentro casual durante un
viaje en tren a Valencia: pretendía ir parapetado con un
libro y aislado oyendo música en mi MP3 cuando, nada más
partir el tren, se sentó a mi lado una mujer que arrastraba
una enorme maleta; en un gesto galante, y a duras penas, la ayudé
a colocarla en el portaequipajes y este hecho hizo que iniciáramos
una conversación que se prolongaría durante las casi
cinco horas de mi viaje. Su nombre era Marisa y venía de
Argentina para cumplir una promesa. Era hija de padres españoles
y antes de que fallecieran les había prometido que algún
día ella viajaría a España para poder visitar
y recorrer la tierra donde sus padres habían nacido. Marisa
convenció a su esposo y a su hijo para iniciar esa aventura
sola y durante un mes se dispuso a recorrer España a la búsqueda
de sus orígenes. Su relato me fascinó y me pareció
un gesto hermoso y romántico, era como si viviera en una
nostalgia transferida. Cuando nos despedimos, pensé que esa
situación podía servir para un cuento, pero lo cierto
es que lo dejé en el desván de mi mente (como tantos
otros) a la espera de alguna posible conexión mental.
Hay un tema que siempre me ha interesado y del que quería
escribir algo: el desarraigo que sufren quienes se ven obligados
a dejar su lugar de nacimiento llevados por la emigración,
sea forzosa o voluntaria, y que pese a su posterior integración
en el nuevo lugar de residencia acaban refugiándose en los
recuerdos y en la nostalgia. Cuando me plantee el tema para este
cuento quise que también cambiar el punto de vista, no solo
de quien se va y sufre el desarraigo, sino ¿qué pasa
con quien se queda enamorado? No sabía como iniciar el relato
cuando recordé a Marisa y su viaje a España y se produjo
la conexión mental. De un modo casual, como fue aquel encuentro
en tren, uní dos historias, en un relato ficticio: el viaje
a sus orígenes de una argentina y el encuentro con su pasado
y los sentimientos que allí dejó.
Si quieres leerlo pincha aqui
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| 31 de Marzo
de 2008
La
recuperación del héroe
Nada
hay que ralentice más el tiempo que esperar frente al quirófano
en un hospital. Mi hermano Tomás atravesó esa puerta
a las ocho de la mañana del día veintiséis
de marzo, sobre una camilla en la que apenas parecía caber
su enorme cuerpo; llevaba el ridículo gorrito verde sobre
su cabeza y al vernos en el pasillo nos sonrió levantando
la mano para saludarnos, con su ya clásico signo de la victoria.
Nada supimos hasta siete horas más tarde, cuando uno de los
cirujanos, con las huellas del cansancio en su rostro salió
para comunicarnos que todo había ido bien. Durante ese tiempo,
que nos pareció eterno, mil conjeturas pasaron por mi mente
y recordé episodios de nuestra vida en común, cuando
de niños, los dos años que nos separan no fue apenas
brecha generacional y compartimos tantas cosas. Él siempre
creció grande y noble; en la escuela era quien me defendía
de los otros niños, bastaba su presencia para persuadir y
su sonrisa para convencer. Un año, los reyes Magos nos trajeron
una bicicleta y hubo que establecer turnos de una hora para ir en
ella, yo me enfadaba porque siempre se retrasaba unos minutos, pero
él, con su nobleza, acababa dejándome más rato
para compensar, con lo que yo siempre salía ganando. Me ayudaba
con la cartera de la escuela cuando yo me quejaba de su peso, y
él para aliviarme, dada mi proverbial mala salud, acababa
por llevar las dos, o cuando salíamos de excursión,
era mi inseparable guardián, preocupado en que tuviera buen
sitio para comer a la sombra de un algarrobo, o siempre atento de
mí en los chapuzones en la alberca o el río, presto
a sacarme si tardaba en emerger la cabeza. Siendo adolescentes estudiamos
juntos, en un pueblo cercano en el que tardábamos cuarenta
y cinco minutos en llegar en un renqueante autobús y desde
cuyas ventanillas nos divertíamos gritando a los transeúntes,
allí fumábamos a hurtadillas los apestosos Celtas
Cortos, cigarrillos que nos parecían, al contrario del tabaco
de picadura que le robábamos a mi padre, una delicia y sin
el inconveniente de que se apagara entre calada y calada.
Hoy mi querido hermano Tomás, “Tomi” para quienes
le quieren (que son todos los que le conocen) se está recuperando
de una operación cuyas secuelas le dejarán sin poder
hablar, aunque no acabarán con su extraordinaria capacidad
de comunicación, porque tiene sus ojos, su rostro y sus gigantescas
manos, y además nos tiene a todos los que le queremos atentos
a sus deseos, a sus necesidades; atentos y dispuestos a ayudarle
en todo lo que necesite y a devolverle, aunque sea una mínima
parte, todo el cariño y el amor que él nos ha dado
siempre.
Vaya en su honor este relato de infancia en el que
Tomi y yo quisimos emular a Supermán. Fue publicado en el
libro ALGO QUE CONTAR. Si quieres leerlo pincha aqui.
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15 de Marzo
de 2008
Un
héroe de verdad
En
tan solo unas horas la vida puede cambiarnos y mostrarnos nuestra
propia fragilidad. No somos más que un montón de deseos
egoístas aferrados a una vida que nos parece excelente porque
tenemos coche y televisor, y tan solo hace falta un diagnóstico
médico para que esa visión de la vida tan material
quede triturada por la realidad, una realidad en la que lo único
que cobra importancia es el amor de tu familia y de tus amigos.
Es en esos cambios cuando se comprueba lo que es la valentía,
y no me refiero a la del soldado enardecido por el fragor de la
batalla envuelto en humo y fuego, sino a ese personaje anónimo
que un día ha de enfrentarse al destino incierto que supone
la palabra cáncer. Es ahí donde surge la auténtica
valentía, y en eso, nadie nos va a ganar en nuestra familia
porque ya tenemos en mi sobrino Alfonso el primer héroe que
venció solo al mismo enemigo. Pero hoy es mi hermano Tomás
quién ha de enfrentarse a esa enfermedad de nombre terrible,
también solo, de pié ante ella, seguramente con una
mueca en sus labios, que no dejará entrever la incertidumbre
que le ahoga la esperanza y ese miedo que le muerde las entrañas.
Sabemos, quienes le conocemos, que se enfrentará a ella a
pecho descubierto, con el signo de la victoria en sus dedos y esbozando
su contagiosa sonrisa como lo hacen los héroes del western
que tanto le gustan. Él es hoy para nosotro nuestro auténtico
y real héroe.
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23 de Febrero
de 2008
El
duelo
Después de algunos meses de inactividad, vuelvo
otra vez a la web, abandonada durante largo tiempo por ese otro
amor del que ya hablé en
la entrada anterior. Ahora desearía retomar las cosas donde
las dejé, pese a qué no dispongo de mucho tiempo para
escribir y la inspiración, tan esquiva ella, siempre me abandona
cuando más la necesito.
El cuento que os propongo como lectura es breve,
y pertenece a la serie de "Relatos de Infancia", aunque
advierto al lector que no tiene que por qué ser la mía....
La historia de un duelo por una mujer, es repetitiva
y bastante común en la literatura: dos hombres solventando
sus diferencias con la espada o la pistola, hasta quedar uno vencedor.
Pero ¿qué pasaría si el duelo fuera entre niños?...
Si quieres leerlo pincha aqui
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| 18 de Noviembre
de 2007
Como
monjes
Llevo tiempo sin escribir por falta de tiempo;
una falta de tiempo achacable exclusivamente a mi afición
por los tebeos.
Desde hace unos meses formo parte de
un grupo de personas, extraordinariamente generosas con su tiempo,
que tienen como misión recuperar, en formato digital, una
parte de nuestra cultura popular: las viejas colecciones de tebeos
que hace cuarenta o cincuenta años fueron, para muchos de
nosotros, el único medio que nos llevaba a la aventura por
el camino de la imaginación: tebeos que llenaron muchas tardes
de invierno al amor de la lumbre o durante la hora de la siesta
en la que los adultos nos exigían casi un silencio sepulcral.
Queremos recuperar esos tebeos que marcaron una época y que
ahora son papeles amarillos, oscurecidos por la pátina de
la vejez, muchos de ellos duermen en maletas de cartón o
en oscuras buhardillas o apilados en tiendas de libros viejos, otros
se han convertido en ediciones inencontrables, perdidos o extinguidos
en su propia nimiedad. Los miembros del grupo del que hablo, y del
que formo parte como un eslabón más, trabaja con el
mismo espíritu que aquellos monjes copiadores de la Edad
Media en cuyas abadías transcribían los manuscritos
con el fin de que no se perdiera el conocimiento, ahora los instrumentos
no son plumas de ganso y tinta china sino el Photoshop y el escáner,
y la tarea no es escribir con letra gótica y pintar miniaturas
coloristas en tratados de medicina o filosofía, sino digitalizar
hoja por hoja, y si es necesario retocar y limpiar cada página,
como si de un incunable se tratara. Los monjes copiadores y el grupo
de tebeos clásicos compartimos ese mismo espíritu
de querer recuperar parte del saber para ponerlo a disposición
de la sociedad y que pueda servir a las generaciones futuras. A
los monjes les movía el amor a Dios, a nosotros el más
puro y generoso altruismos, aunque bien mirado quizá sea
esta la misma forma de amor.
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7 de Septiembre
de 2007
Regreso
a la aceleración
Las
vacaciones han acabado. Ese tiempo que permite ralentizar la vida
hasta sumergirnos en la lentitud, el tiempo de no madrugar, de experimentar
la ausencia de horario y de relojes. Ese periodo se ha acabado y
vuelve de nuevo la rutina, la actividad diaria y con ella, la maldita
vida acelerada.
Este regreso a la vida apresurada me hizo recordar un tiempo en
que experimenté lo que era trabajar acelerado...
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2 de Agosto de
2007
Encuentro
mágico en una noche de verano
Hace
poco fui convocado a un encuentro de exalumnos; hacía más
de treinta años que no tenía noticias de ellos y sentí
deseos de verlos de nuevo.
Fue una noche mágica en la que, pese a la dificultad de reconocer
los rostros, conseguimos que el pasado convergiera en un feliz presente
y aunque el tiempo transcurrido trae consigo la pérdida de
memoria, también hace que ganamos en sabiduría y quién
sabe si quizá una cosa no compensa a la otra.
Fue uno de esos pocos y maravillosos instantes que se dan en la
vida que consiguen que el tiempo se paralice y se haga eterno, unos
instantes que me inspiraron este breve relato, que por supuesto,
esta dedicado a todos ellos, protagonistas de esa noche mágica.
Si te apetece leerlo clica aqui
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22 de Julio de
2007
Cambio
de imagen
Como
podréis observar los que accedeis con cierta frecuencia a
esta página, se ha producido un cambio en la cabecera y en
el color del texto. Este nuevo diseño ha sido posible gracias
a la aportación de una prestigiosa diseñadora gráfica
(cuya modestia me impide decir su nombre), que ha tenido la amabilidad
y generosidad de hacerlo. A mi me gusta más ahora, aunque,
sobre los gustos, ya se sabe….hay poco o nada escrito, y siempre
es motivo de opinón y hasta de valoración, como sucedió
con el diseño y los colores anteriores que suscitaron un
divertido cruce de opiniones (que aún se pueden leer todos
ellos en el Libro de Visitas).
Tras este nuevo diseño os invito, pues, a participar con
vuestras opiniones.
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15 de Junio de
2007
Sonrisas
inteligentes en un blog
Me
gusta leer el blog publireflexions
por dos poderosas razones, la primera de ellas es que sus agudos
e irónicos comentarios sobre la publicidad (que es, practicamante,
todo lo que nos rodea) son reflexiones de gran calado. Con un lenguaje
lleno de humor, medio en broma medio en serio, su autora, se permite
decirnos cosas que nos hacen pensar tras provocarnos previamente
una sonrisa. El humor— ya lo dijo alguien — puede ser
un arma de destrución masiva.
Y si quieren saber cual es la segunda poderosa razón por
la que me gusta este blog es, sencillamente, porque su autora, Laia
Blasco, es mi hija.
Si te apetece acceder a el, clica aqui
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6 de Junio de
2007
Los
cuatro platos de Carmen
La
pérdida de un ser querido siempre es un trauma que rompe
algo en nuestro interior, se rompe nuestro corazón y a veces,
como la protagonista de este relato, la mente. Este es un relato
real, los nombres que aparecen son reales y la situación
que cuento verídica: lo he conocido este fin de semana en
el que he podido abrazar a Carmen.
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| 24 de Mayo de 2007
La
relatividad del tiempo
Tengo
poco tiempo para la web. Atravieso una época en qué
el trabajo y la pereza me alejan de escribir y por más que
lo intento, no encuentro el momento. Siempre me digo que mañana
lo haré, que me sentaré frente al ordenador y acabaré
varias historias, pero esa mañana, incierta y esquiva se
convierte en otro día. Unas veces el tiempo es un enemigo
implacable y otras un bálsamo para el dolor. Mientras disfrutamos
de una buena compañía, envueltos en el aroma del café,
lo sentimos breve y otras, esperando ser atendidos en la consulta
del médico se nos antoja lento. La infancia la vivimos como
si los días fueran semanas y los años eternidades,
sin embargo a medida que entramos en años las semanas se
convierten en días, apenas un suspiro cuando los años
pasan fugaces. Y pese a que el tiempo parece estirarse y contraerse
como una goma elástica, lo cierto es que es inflexible en
su transcurrir. Vaya con el tiempo. Ahora mismo, por ejemplo, se
me está haciendo el día eterno....de modo que voy
a dejar de escribir y me voy a la cocina a buscar una tableta de
chocolate. Será un momento gozoso en el que pararé
el tiempo.
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| 5 de Mayo de 2007
Anoche soñé
con Cinto
Al
despertar, me preguntaba, qué extrañas conexiones
cerebrales se habían producido durante el sueño para
que pudiera evocar ese nombre. Porque lo que me sorprendió
del sueño, del que no recuerdo el contenido, fue precisamente
el hecho de que soñara con alguien del que había perdido
el contacto desde hacía más de treinta años.
Cuando yo tenía diecisiete años aparecieron en casa
una señora desconocida para mi acompañada de un joven
veinteañero. Mi madre al verlos, se abrazó a ellos
y tras la alegría inicial del reencuentro y ya sentados alrededor
de la mesa del comedor les dio el pésame porque el marido
de la señora había fallecido hacía poco. Mientras
la señora resumía lo que había sido su vida
hasta entonces, desde que partieron a Barcelona hacía ya
algunos años, el hijo de la señora, un joven con gafas,
cabello muy bien peinado y aspecto de ciudad me preguntó
si yo era el Vicente y entonces me dijo algo que me dejó
desconcertado:”¿No te acuerdas de mí?”.
Mi madre al ver que yo negaba con la cabeza, un poco avergonzado,
añadió para intentar refrescarme la memoria: “¡Es
Cinto, el vecino, que jugaba contigo cuando eras pequeño”.
Y añadió como para asegurarse que me acordaría:
“¡Las veces que Cinto te habrá llevado a pasear
con la bicicleta!”.
Cinto, es decir Jacinto, era el hijo de un carpintero, que vivía
enfrente de mi casa, tenía seis o siete años más
que yo y era amigo de mi hermano mayor. La familia había
emigrado a Barcelona en los años sesenta, tras vender la
casa y el taller y solo regresaron al pueblo al fallecimiento del
carpintero, quizá, para arreglar algunos papeles o para visitar
viejos amigos. Cinto y yo teníamos algo en común que
hizo que conectáramos enseguida: a mí me gustaba dibujar,
más mal que bien, he de reconocerlo, pero él era un
dibujante extraordinario, con una gran facilidad para el dibujo
humorístico y caricaturesco, pero además compartíamos
el mismo sentido del humor: burlón y fallero así que
congeniamos rápido. Varios días después, cuando
la madre y el hijo acabaron su visita al pueblo vinieron a despedirse,
Cinto y yo prometimos escribirnos, y así daría comienzo
una etapa, muy divertida, de intercambio epistolar en las que nos
enviábamos cartas llenas de humor y dibujos. La última
vez que le vi fue mientras yo cumplía el servicio militar,
durante una escapada de fin de Semana a Barcelona para ver a mi
novia. Ese día me invitó a comer y hablamos de las
casualidades y del azar que me había llevado hasta esta ciudad,
también me comunicó que se casaba ese mismo año.
Yo le hablé de mis planes de futuro y mis deseos de mudarme
a Barcelona cuando acabara de prestar el servicio militar. Al despedirnos
prometimos ponernos en contacto cuando yo ya estuviera residiendo
en Barcelona y proseguir nuestra amistad, pero, el mismo azar que
nos llevó al encuentro nos llevó al alejamiento. Mi
vida en Barcelona tomó su propio rumbo y no sé como
perdí el contacto y el teléfono y no volvimos a vernos
más. Y hace de esto treinta y un años. Salvo esta
noche, que he vuelto a recuperar su amistad en sueños, no
he vuelto a ver a Cinto. Quizá esto sea algo premonitorio
y me lleve de nuevo a su encuentro.
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| 17 de Abril de 2007
La rosa y el libro
El
23 de Abril se celebra en Catalunya el día de Sant Jordi,
una fiesta multitudinaria que llena las calles de gentes entre paradas
de libros y rosas. Es un día en el que, tradicionalmente,
el hombre regalaba rosas y la mujer libros, aunque afortunadamente
esto ya queda lejos y hoy nada impide que se regalen ambas cosas.
A mí me gusta especialmente este día y gozo de la
calle populosa y alegre, de las paradas de libros apilados ordenadamente,
y de ver la gente entre ellos, ojeando, mirando y comprando, aunque
para muchos, solo sea el único día del año
en que adquieren uno: no importa, me digo, un día vale más
que ninguno.
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16 de Abril de 2007
El premio
Debía
tener 14 ó 15 años cuando me seleccionaron en la escuela
para un concurso literario que patrocinaba Coca-Cola. El certamen
se realizaba en la ciudad de Valencia, en una gran sala de congresos,
o algo similar. Al llegar ya había chicos a la puerta, junto
con sus maestros, esperando entrar y sentarse en la enorme sala
donde, a una orden debíamos comenzar a escribir un relato
y cuyo tema se nos diría en su momento. Yo estaba con mi
maestro, que se había engalanado para la ocasión con
traje y corbata oscura y también me acompañaba mi
madre, porque viajar a Valencia desde mi pueblo, en el interior
de la provincia, constituía de por sí toda una aventura.
Valencia parecía estar en los confines de la tierra, en algún
lugar remoto y frío. Quizá por esta razón,
mi madre, me había obligado a ponerme un jersey grueso de
color granate que me atormentaría durante el tiempo que estuve
sentado escribiendo. Cuando todos hubimos acabado nos trasladaron
en autocar a la fábrica de Coca-Cola y allí nos mostraron
las instalaciones y acabamos, todos, viendo un documental sobre
la marca que había patrocinado nuestro viaje. Aunque a mí
me costó concéntrame en el documental, fascinado como
estaba por los hermosos dibujos de “El Cid”, un tebeo
que me había regalado los promotores del certamen, al igual
que lo habían hecho con todos los participantes. Era un álbum
de la editorial Doncel que correspondía al segundo tomo de
las aventuras del Cid y yo estaba exultante con aquella maravilla.
Acostumbrado a leer tebeos procedentes del intercambio, añejos,
en blanco y negro y en un papel similar al del periódico,
aquel álbum de tapa dura y brillantes colores me pareció
un regalo venido directamente del cielo. Yo amaba los tebeos y mi
concepto de la felicidad se resumía en sentarme en el desván,
durante la hora de la siesta, con un buen fajo de tebeos entre las
piernas, debidamente ordenados por interés, y leer durante
horas. Y allí podía estar leyendo hasta acabarme la
pila de tebeos, a no ser que alguien me sacara de mis ensoñaciones
literarias con el aviso de estar la merienda a punto o que fulano
ha venido a buscarte.
No recuerdo quien ganó el concurso de redacción de
Coca-Cola, pero todavía conservo el álbum del Cid:
ese fue para mí el mejor premio.
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| 17 de Marzo de 2007
La hermana Esperanza
Un
asunto de salud me ha tenido recluido en una clínica durante
unos días, lo que me ha permitido conocer a una singular
enfermera: la hermana Lida: una joven monja Carmelita llena de vida
y buen humor que me atendió con mucho cariño. La hermana
Lida trabaja muchas horas, y aún en su fatiga, siempre tiene
una sonrisa o una palabra amable para los pacientes. Este breve
relato está inspirado en ella y aunque me gustaría
que fuera un canto de gratitud hacia las personas que, por una razón
u otra, se entregan a los demás de forma altruista, quiero
dedicárselo especialmente a la hermana Lida porque para mí,
verla entrar cada mañana en la habitación era como
sentir un rayo de luz y de esperanza.
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| 28 de Febrero de
2007
El refugio del cura
He
estado algún tiempo sin acabar nada de lo que escribo y un
tanto alejado de la página web. A veces las preocupaciones
cotidianas suelen secuestrarnos la voluntad y la inspiración.
Este relato (más bien una crónica) trata sobre las
dificultades de un cura, que viendo peligrar su vida al comienzo
de la guerra civil, buscó asilo durante la persecución
religiosa. Es una historia real que supe desde la infancia pero
de cuyo final me enteré hace tan solo unos años por
el feliz encuentro de un descendiente de la persona que lo acogió.
Es un relato, también, sobre la piedad, la integridad y la
valentía.
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| 2 de Febrero de
2007
Una
obra maestra del comic japonés: Adolf
Acabo de releer "Adolf"
un extraordinario comic de Osamu Tezuka y, tal como me pasó
la primera vez que lo leí (o debería mejor decir lo
devoré) lo he disfrutado mucho.
He
de confesar que cuando empecé a leerlo, tenía mis
reticencias porque se trata de una “manga” japones,
un tipo de comic que entonces relacionaba con las series infantiles
de televisión, de personajes estáticos de ojos grandes
y muchas onomatopeyas. Pero me iba llevar una sorpresa con “Adolf”
y eso a pesar de que los dibujos de Tezuka parecen tener un estilo
infantil, de línea clara y hasta con claras influencias de
Disney...pero...
Pero Osamu Tezuka es un maestro de la narración gráfica.
Considerado (sin duda alguna) como el "padre" del manga
japonés, fue un médico entusiasta de los dibujos y
la animación que dejó la medicina para crear un estudio
de animación y dedicarse a su pasión, que no era otra
que contar historias dibujadas. Quizá la más madura
de todas ellas sea “Adolf”, que narra las vidas, entrelazadas,
de tres Adolf: dos niños, uno alemán y otro judío
que por azares del destino viven en Japón y el tercero es
Hitler.
El libro (se trata de cinco tomos) es como una buena novela, en
la que se mezclan los géneros con gran sabiduría.
La historia transcurre en una época convulsionada por la
guerra y la persecución de los judíos, en la que arranca
con una trama policíaca, que engancha desde el principio,
hay narración histórica (es muy interesante comprobar
como vivió el pueblo japonés los desastres de la Segunda
Guerra Mundial) y hay como no, sensibles historias de amor y sobre
todo, hay unos personajes ricos en matices, complejos, cuyos motivaciones
son tan humanas que encuentran rápida complicidad en el lector,
y personajes secundarios que viven en pocas páginas pero
que dejan huella por la precisión psicológica con
la que son trazados.
En resumen: una obra maestra.
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| 27 de Enero de 2007
Disco
duro
Escribir
cuentos tiene su miga. Hay cuentos que empiezan por el final, es
decir, el final del cuento es lo primero que tengo pensado y comienzo
a construirlo a partir de ahí. En otros relatos, comienzo
sin saber como acabará y a medida que escribo me van surgiendo
ideas y situaciones y de un modo casi mágico llega a su final.
Confieso que estos son los más difíciles porque, muchas
veces, suelen quedar bloqueados por falta de un final y pasan a
reposar en algún lugar del disco duro, a la espera de ser
rescatados con una idea o a quedar allí hasta ser borrados
cuando necesite espacio. Últimamente me está pasando
esto último con preocupante frecuencia: comienzo una historia
y al poco me queda arrinconada por falta de ideas, entonces retomo
una antigua y me enzarzo en corregir lo escrito hasta que al llegar
el desenlace ya he perdido el interés.
No sé que hacer pero necesito liberar disco duro del ordenador
porque amenaza con quedar saturado. Así que he a tomado una
decisión: Ahora mismo salgo a comprar un disco duro externo...
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| 22 de Enero de 2007
Lucha a palos
He
estado varios días sin escribir. No tenía ganas. He
navegado por internet, visitando páginas tras páginas,
y volviendo siempre a los periodicos, de manera casi adictiva. El
salvaje atentado en la terminal 4 del aeropuerto de Barajas, con
ese terrible balance de dos jovens ecuatorianos muertos me ha dejado
consternado. A eso he de sumar la amargura al comprobar cómo
determinados políticos (y medios) utilizan ese sangrante
tema con fines meramente partidista, y golpean con fiereza a un
gobierno cuyo único pecado, quizá haya sido, intentar
lo que otros gobiernos intentaron antes: la busqueda de la paz.
Goya pintó hacia 1820 este cuadro que tituló "Lucha
a palos" ...es terrorífico pensar que el paso del tiempo
no haya mejorado en nada esa concepción que parece que tenemos
los españoles de afrontar nuestras diferencias a palos.
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1 de Enero de 2007
Los
Reyes que vienen de Oriente
Tenía
ganas de escribir algo sobre los Reyes Magos y la fantasía
infantil, porque siempre me ha resultado un hecho extraordinario
como los adultos pueden ser complices de una fantasía tan
hermosa, llevada a cabo con tanta entrega y precisión, y
al mismo tiempo como viven los niños esa realidad.
También quería reflejar, de algún modo, las
dificultates de los niños a rechazar esa magia cuando por
cuestiones de edad se impone la razón a la fantasía.
Al recordar como viví yo ese momento comprendí que
lo que quería contar en un relato lo había vivido
ya y solo tenía que escribirlo.
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| 21 de Diciembre de 2006
Nochebuena
Hace
unos días iba sentado en el autobús de regreso a casa
y me entretenía mirando por la ventanilla. Estaba anocheciendo
y hacía frío. Se acercaban las fechas navideñas
y vi mucha gente, abrigada, que iba de un lado para otro cargados
con bolsas, en las que supuse, llevaban los regalos navideños.
Pensé que esas bolsas y las luces de navidad, que iluminaban
la calle, era la imagen perfecta de cómo se vive la navidad
en nuestra sociedad. Al pasar por la plaça Universitat vi
sentado en un banco un mendigo, al lado suyo había un carro
en el que llevaba todas sus pertenencias. Parecía que estaba
leyendo algo a la luz de una farola. Me pareció otra imagen
de la navidad y me dio por pensar qué regalo podría
tener un hombre como él en una nochebuena. Cuando llegué
a casa ya tenía pensado este cuento de navidad. Si quieres
leerlo pincha aquí
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| 27 de Noviembre 2006
Esos ojos de niño
La
foto venía en El Pais del domingo. El pie de foto decía:
Una mujer lleva al hospital a su hijo, herido por el fuego cruzado
durante un enfrentamiento entre soldados e insurgentes en Baquba
(Irak)
La imagen me ha impactado y no puedo dejar de mirar esos ojos, aterrorizados
pero sin lágrimas, ese gesto de sorpresa y de miedo, ese
acurrucarse en los brazos de su madre, protegiéndose, como
queriendo volver al seno materno en un impulso tan humano. Descubro
esas manos, pequeñas, regordetas, de bebé, que se
agarran a la ropa como si se aferrara a la propia vida, y percibo
el rostro ensangrentado, la ropa cubierta con manchas de sangre
y adivino temblorosa a su madre detrás, pero no puedo dejar
de mirar esos ojos, esos ojos grandes, oscuros que parecen acostumbrados
al dolor. Esos ojos se me han clavado hoy en el alma.
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25 de Noviembre de 2006
La procesión
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Vista de la procesión
a su llegada a la Ermita, al fondo el pueblo iluminado. |
La última procesión
que presencié del patrono del pueblo donde nací, fue
en Octubre de 2004. No había asistido desde hacía
más de veinte años. Seguí la comitiva por entre
las calles, saltando de una a otra para ver el Cristo e impregnarme
de esa emoción perdida tantos años antes. El olor
de la cera, las explosiones de música, los rostros iluminados
por la llama parpadeante de las velas, y todo en su conjunto, conformaba
un ambiente lleno de fervor religioso, pero que a mi se me antojó
como algo más cercano a la necesidad de creer que tiene el
ser humano, algo más cercano al misticismo que a la religión.
Sin embargo, a la luz de los años, cuando a uno parece que
sus creencias se le van reduciendo a un circulo cada vez más
estrecho, y las emociones son cada vez más difíciles
de alcanzar, vuelvo la mirada a las procesiones con ojos benévolos
y nostálgicos.
Fruto de aquel viaje al pasado es este cuento, que he tardado dos
años en acabar... y del que espero no tardes tanto en leer.
Si quieres leer el cuento pincha aquí.
También puedes leerlo e imprimirlo accediendo desde el apartado
de Relatos.
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17 de Noviembre
de 2006
Quico
Acabo de colgar un nuevo relato
de infancia que no pude incluir el mi último libro. Su título,
Quico, es el nombre de un curioso personaje al que no le gustaban
los niños, pero que, las circunstancias de la vida le llevaban
a compartir su existencia entre ellos. Si quieres leerlo pincha
aquí o accede desde
el apartado de Relatos.
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9
de Noviembre de 2006
El regalo
Vertió
whisky en el vaso hasta que el nivel alcanzó un centímetro
de altura, después metió tres cubitos de hielo y lo
agitó con los ojos puestos en el hielo que giraba en el fondo
del vaso entre tintineos de cristal. Se arrellanó en el sofá,
puso los pies en la mesita y se llevó el vaso a los labios.
Sorbió el primer trago y notó el paso fuerte del alcohol
por la garganta y los sabores cálidos de la madera. Entrecerró
los ojos y llevó la cabeza hacia atrás hasta quedar
apoyada en el respaldo del sofá. El primer trago tuvo el
efecto de insensibilizar las papilas y así preparar el paso
al segundo trago, en el que desapareció todo el contenido
de vaso. Después vendrá la botella, pensó.
Lo necesitaba. Necesitaba que el alcohol le aturdiera, le golpeara
y le anestesiara el dolor que sentía.
Qué iba a ser de su vida sin ella, se preguntó. Cómo
será cada día sin su risa llenando la casa, su mirada
interrogativa y pícara, o sus enfados que con mohín
de disgusto cesaban tras el perdón apresurado. O aquellas
lagrimas suyas cuando se conmovía por una historia triste,
algo que a él no le había sucedido nunca. Cómo
serán las noches sin su rostro iluminado por el resplandor
de la televisión, mientras reía con sus carcajadas
profundas y contagiosas al ver su programa de humor favorito. Y
sus canturreos de canción irreconocible mientras trajinaba
en la cocina. O el sexo, entre tranquilo y placentero o fugaz y
frenético. Que iba a ser de su alma, sin ella a su lado,
él que pensaba que no necesitaba nada de nadie, que se tomaba
la vida como si el destino estuviera en sus propias manos, que se
consideraba un hombre fuerte, orgulloso y cínico, que había
hecho de la dureza de sentimientos el lema de su existencia y el
arma con la que se había enfrentado a la vida sin un atisbo
de ternura, su ariete con el que había conquistado el éxito,
la fama y los lujos que conforman su estatus social. El, que creía
que nunca sería víctima sino verdugo.
Todo había sido tan rápido que apenas hubo tiempo
de nada. Recordaba tres días antes cuando sonó el
teléfono en el despacho, era del hospital. Después
vino la carrera con el coche, medio embotado aún, por lo
que acababa de escuchar y el relato después, sosegado y contenido
del médico: había sido un accidente con desenlace
tan cruel como inesperado.
Ahora, tras el entierro, en el sofá de aquella casa tan en
silencio, con el alcohol bajando por sus entrañas se vio
a si mismo, de pie, recibiendo el pésame a los pies del féretro,
el rostro firme, el ánimo entero y se vio solo; y al constatar
esa soledad sintió como una enorme presión en el plexo
solar, algo que subía, devastador a su paso, como un volcán
a punto de estallar y comprendió, en un instante, que iba
a surgir el último regalo que ella le había hecho:
entonces lloró.
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3
de Noviembre de 2006
VACACIONES
No
fue hasta las cinco de la tarde que advertí que había
perdido la mano izquierda.
Fue justo momentos antes de ir a buscar las llaves del coche que
guardo en el bolsillo izquierdo del pantalón. Al hacer el
gesto tan habitual y automático de meter la mano en el bolsillo
me di cuenta, perplejo, que no la tenía. Miré entonces,
intrigado, hacia ese lado y pude observar que donde tenía
antes la mano solo estaba el puño de la camisa vacía.
Instintivamente miré hacia dentro, pensando en encontrada
allí, acurrucada por el frío. Pero, no había
nada.
Inquieto me arremangué y descubrí, horrorizado, que
la mano había desaparecido: el brazo acababa en un extraño
muñón de formas redondeadas. Creo que exclamé
un grito de sorpresa que hizo girarse a más de un transeúnte.
Sofocado por lo que acababa de descubrir, no supe hacer otra cosa
que sacar las llaves del coche con la otra mano e introducirme dentro
de él, me senté nervioso frente al volante y casi,
de manera instintiva, lancé el pié hacia el pedal
del embrague para descansarlo allí. Entonces me sobrevino
la siguiente sorpresa: el pie izquierdo había desaparecido.
Intenté entonces abrir el coche para salir y pedir ayuda,
para que alguien me socorriera, pero no pude hacerlo. Mi brazo izquierdo
también había desaparecido. Paralizado por el horror
noté un cosquilleo en el lado izquierdo de la cabeza, e impulsado
por un vago presentimiento me miré en el espejo retrovisor:
la imagen que me devolvió, no por esperada fue menos horrorosa,
se me estaba borrando esa parte de la cara, ya no había oreja
y el borrado alcanzaba ya el ojo del mismo lado.
Han pasado tres días desde que comenzaron los extraños
prodigios y he descubierto a qué se debe ese inaudito fenómeno.
Creo que el cuerpo humano deseoso de irse de vacaciones ha comenzado
a desintegrar sus átomos de forma autónoma, sin que
la conciencia y el cerebro puedan hacer nada.
Escribo esto con el único dedo de la mano derecha que me
queda antes de que también desaparez...
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30
de Octubre de 2006
Concierto de Daniel Higienico
Hace
poco fui a un concierto de Daniel Higiénico. Tenía
ganas de verlo en persona porque tras haber escuchado uno de sus
discos, quedé fascinado por sus canciones. Es una mezcla
entre Sabina y Albert Plá, incluso tiene un gran parecido
físico con este último. Es un artista atípico
con un estilo muy particular: actúa en el escenario, interpretando
con sus gestos y su palabra la letra da cada canción. Le
acompañan buenos músicos y estupendos arreglos pero
lo mejor, son las letras de sus canciones. Letras que son como caricaturas
de la sociedad en la que vivimos, letras que resultan a veces ácidas
y otras provocan la carcajada, letras bien ajustadas a lo que quiere
contar, porque sabe jugar con las palabras y explicar historias
y situaciones cotidianas que de pura banalidad se convierten en
surrealistas. Y ahí es donde juega más a gusto, donde
domina el escenario, con letras donde lo escatológico nos
resulta familiar, donde la ternura y la poesía se encuentran
en las cosas más pequeñas, y el humor lo envuelve
todo para hacernos ver con socarrona visión, todo cuanto
nos rodea. Si puedes no te lo pierdas. Puedes encontrar sus discos
en su web. Aquí dejo el enlace:
http://www.danielhigienico.com/
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24 de Octubre de 2006
Comienzo...
Comienzo
este proyecto sin estar muy seguro de poder continuarlo.
El impulso inicial es escribir ideas,
reflexiones y relatos. No sé quien lo leerá. Igual
que el naufrago que lanza su mensaje en una botella al océano,
con la esperanza que alguien la encuentre y sepa de él, yo
voy a hacer lo mismo y lanzaré estos escritos al viento de
la tecnología que me proporciona internet.
Como el naufrago perdido, confío
que ese viento veloz y eléctrico lleve estos escritos, como
hojas flotando en el espacio, hacía alguien, que en su curiosidad,
haga el esfuerzo de leerlo. Es entonces cuando estos textos servirán
de algo, porque mientras tanto solo serán escritos mudos
y desconocidos, serán solo escritos en el viento. |
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